Entrar en la universidad, convertirse en profesora, dirigir una escuela o estudiar en Madrid fueron durante décadas posibilidades extraordinariamente difíciles para las mujeres. Algunas necesitaron permisos especiales; otras llegaron cuando apenas existían precedentes femeninos; varias terminaron creando instituciones para que las siguientes generaciones no atravesaran los mismos obstáculos.
Madrid fue escenario principal de aquella transformación silenciosa. Por las aulas de la Universidad Central, los edificios de la Residencia de Señoritas, el Instituto-Escuela y varios colegios públicos innovadores pasaron mujeres que cambiaron la enseñanza española.
Concepción Arenal: oyente en la Universidad Central cuando las aulas eran territorio exclusivo masculino
En la década de 1840, Concepción Arenal asistió como oyente a clases de Derecho en la Universidad Central de Madrid, antecedente histórico de la actual Universidad Complutense, según reconoce la Biblioteca Nacional. La presencia femenina en las aulas universitarias simplemente no estaba contemplada por el sistema educativo de la época.
El edificio universitario de la calle San Bernardo se convierte así en uno de los primeros lugares madrileños relacionados con la conquista femenina de la enseñanza superior. Arenal no siguió un camino abierto por otras estudiantes: desafió convenciones sociales y normas diseñadas pensando exclusivamente en hombres.
María Goyri: la primera alumna oficial de Filosofía y Letras en 1891
Medio siglo después, María Goyri, nacida en Madrid en 1873, fue la primera mujer que cursó oficialmente estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central. Durante el curso 1891-1892 comenzó como oyente y posteriormente pasó a alumna oficial, según documentación conservada por la propia Universidad Complutense.
Las mujeres todavía encontraban restricciones y procedimientos especiales para acceder a unos estudios concebidos durante siglos como territorio masculino. Goyri no se limitó a conseguir entrar: se convirtió en filóloga, investigadora, escritora y profesora, desarrollando importantes trabajos sobre literatura española y el Romancero.
1910: la barrera legal comenzó a caer
El 8 de marzo de 1910, una Real Orden permitió el acceso femenino a la enseñanza superior sin las autorizaciones especiales que habían condicionado a las estudiantes anteriores. Aquella fecha marcó un antes y un después, según sitúa la propia Universidad Complutense como punto de partida de la incorporación oficial de las mujeres a la universidad en España.
Pero permitir matricularse solucionaba solo parte del problema. Muchas jóvenes procedían de otras ciudades y no tenían dónde alojarse en Madrid, apenas existían redes académicas femeninas y los espacios universitarios continuaban dominados abrumadoramente por hombres. Cinco años después aparecería una institución destinada a cambiar esa situación.
María de Maeztu y la Residencia de Señoritas: estudiar en Madrid dejó de ser una aventura solitaria
En 1915, María de Maeztu asumió la dirección de la Residencia de Señoritas, una institución novedosa que ofrecía a las mujeres el equivalente del entorno intelectual y académico que la Residencia de Estudiantes proporcionaba a los hombres. No se trataba simplemente de un alojamiento: allí podían estudiar, aprender idiomas, participar en actividades culturales y establecer relaciones con otras universitarias.
La documentación histórica de la Junta para Ampliación de Estudios sitúa dependencias de la Residencia en Fortuny 30 y Pinar 21, dentro de una zona que terminó convirtiéndose en uno de los grandes núcleos de la renovación científica y educativa del primer tercio del siglo XX.
Maeztu, formada como maestra y profundamente interesada en las nuevas corrientes educativas europeas, convirtió la institución en mucho más que un lugar donde dormir. La barrera que ayudó a derribar era fundamental: una joven ya no tenía que renunciar a estudiar una carrera por haber nacido lejos de Madrid o por carecer de un entorno considerado socialmente adecuado.
Por aquel ambiente pasaron estudiantes, científicas, juristas, artistas y futuras profesionales que comenzaban a acceder a espacios anteriormente reservados casi exclusivamente a hombres. Maeztu consiguió además conectar aquel Madrid universitario femenino con instituciones y redes internacionales.
María Sánchez Arbós: una escuela donde memorizar dejó de ser lo más importante
La transformación educativa no ocurrió solo en la universidad. María Sánchez Arbós, pedagoga vinculada a la Institución Libre de Enseñanza, estuvo relacionada con la Residencia de Señoritas y posteriormente trabajó en el Instituto-Escuela, creado en 1918 como laboratorio para experimentar con métodos educativos diferentes.
En 1930 comenzó a trabajar en el colegio Menéndez Pelayo y tres años después asumió la dirección del Grupo Escolar Francisco Giner de los Ríos, situado en el entorno de la Dehesa de la Villa, en la actual calle Francos Rodríguez. Allí aplicó principios pedagógicos ligados a la Institución Libre de Enseñanza: educación menos basada en la repetición mecánica, mayor contacto con la realidad y participación activa del alumnado.
La barrera que rompía era todavía más ambiciosa: demostrar que una mujer podía dirigir una escuela y participar en la transformación completa de la educación pública.
Justa Freire: convertir una escuela pública de Madrid en referente pedagógico
Justa Freire, nacida en Moraleja del Vino en 1896 y fallecida en Madrid en 1965, quedó especialmente ligada al Grupo Escolar Cervantes, una de las escuelas públicas madrileñas más innovadoras de las décadas de 1920 y 1930. El centro terminó convirtiéndose en un referente visitado por profesores de España y otros países europeos y americanos.
La escuela proponía una enseñanza alejada del modelo exclusivamente memorístico. Excursiones, juegos, actividades artísticas, contacto con la naturaleza y métodos activos formaban parte de una concepción en la que educar significaba mucho más que repetir una lección. Justa Freire fue además una de las primeras mujeres directoras de escuelas vinculadas a estos nuevos métodos pedagógicos.
Su trayectoria quedó brutalmente interrumpida después de la Guerra Civil. Fue encarcelada y posteriormente sufrió la depuración profesional que afectó a numerosos maestros relacionados con la educación republicana. En 1953 consiguió ser rehabilitada como maestra pública, aunque no pudo recuperar su antiguo puesto de directora ni volver a ejercer en Madrid en las mismas condiciones.
Las primeras profesoras en la Universidad Central
Llegar al otro lado del aula tampoco resultó sencillo. Durante las primeras décadas del siglo XX comenzaron a incorporarse profesoras e investigadoras a la antigua Universidad Central. La Universidad Complutense mantiene actualmente un proyecto dedicado a recuperar la historia de aquellas primeras académicas.
Entre ellas aparece nuevamente María de Maeztu, que llegó a ser profesora auxiliar de Pedagogía. También Encarnación Cabré Herreros, nacida en Madrid en 1911, considerada la primera mujer dedicada profesionalmente a la arqueología en España. En 1934 comenzó a ejercer como ayudante en la Universidad Central, dentro de la asignatura de Historia del Arte Griego y Romano.
En unas pocas décadas se había pasado de una universidad donde la presencia femenina constituía una anomalía a otra en la que algunas mujeres comenzaban a investigar y enseñar a las siguientes generaciones.
Jimena Menéndez Pidal y el Colegio Estudio: preservar la tradición pedagógica en posguerra
La Guerra Civil y la dictadura pusieron fin a buena parte de aquella red de renovación pedagógica. El Instituto-Escuela desapareció tras la guerra. Muchos profesores fueron depurados, marcharon al exilio o quedaron apartados de sus puestos.
Pero algunas mujeres intentaron mantener vivo aquel modelo educativo. En 1940, Jimena Menéndez Pidal, Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro fundaron en Madrid el Colegio Estudio. Las tres estaban vinculadas a la experiencia del Instituto-Escuela y quisieron preservar una concepción educativa basada en la formación integral del alumnado, el pensamiento crítico, las actividades artísticas y una relación distinta entre profesores y estudiantes.
La institución comenzó modestamente y en 1950 se instaló en Miguel Ángel 8, gracias a la relación de Jimena Menéndez Pidal con el International Institute for Girls in Spain. En este caso, el obstáculo tenía una naturaleza distinta: mantener viva una tradición pedagógica que había sido prácticamente desmantelada institucionalmente después de 1939.
Que tres mujeres fundaran y dirigieran un proyecto educativo propio en el Madrid de 1940 resulta especialmente significativo. Jimena Menéndez Pidal, hija de María Goyri y Ramón Menéndez Pidal, había crecido dentro de uno de los ambientes intelectuales más importantes de la España del primer tercio del siglo XX. Junto con Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro, desarrolló un proyecto que consiguió preservar aspectos fundamentales de la tradición del Instituto-Escuela durante décadas.
Las aulas madrileñas no fueron siempre los espacios abiertos que conocemos hoy. Las mujeres que consiguieron entrar, enseñar y dirigir tuvieron que romper barreras legales, sociales y políticas. Sus historias permiten recorrer otro Madrid: el de las primeras universitarias, las maestras que experimentaron con nuevas formas de enseñar y las educadoras que demostraron que las aulas también podían ser espacios de emancipación.
Fuente: Madrid 24 horas · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Notimadrid con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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